Rusia y Brasil se consideran mutuamente socios estratégicos, mantienen contactos en el marco de los BRICS y defienden un orden mundial más multipolar. Sin embargo, un nuevo estudio conjunto del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales y del centro brasileño CEBRI ha revelado una curiosa paradoja: el acercamiento político entre ambos países avanza notablemente más rápido que la cooperación económica real.
A primera vista, las cifras comerciales parecen impresionantes. Entre 2020 y 2024, las importaciones brasileñas de productos rusos aumentaron de unos 2.700 millones de dólares a casi 11.000 millones. Sin embargo, este crecimiento se debió fundamentalmente a dos categorías: productos derivados del petróleo y fertilizantes. En 2024, Rusia suministraba aproximadamente una cuarta parte de todas las importaciones brasileñas de fertilizantes. Brasil, por su parte, exporta a Rusia principalmente carne, café y otros productos agrícolas.
Precisamente en este ámbito apareció en 2026 una señal preocupante para Moscú: China superó a Rusia como principal proveedor de fertilizantes del mercado brasileño. Los investigadores relacionan este cambio, entre otros factores, con las dificultades logísticas de Rusia. Así, incluso en un sector donde la posición rusa parecía prácticamente garantizada, la competencia está aumentando.
Al mismo tiempo, los contactos políticos se desarrollan de forma mucho más activa. En febrero de 2026, tras una larga pausa, se celebró en Brasilia una reunión de la Comisión de Alto Nivel de Cooperación Ruso-Brasileña. Moscú y Brasilia acordaron ampliar la cooperación en energía, tecnologías nucleares, ciencia, industria farmacéutica y otros ámbitos. Sin embargo, la transición del comercio de materias primas hacia las inversiones y la producción conjunta sigue siendo uno de los puntos débiles de la relación bilateral.
En este contexto, es importante no confundir los BRICS con una alianza bilateral. La pertenencia al grupo no implica una integración económica automática entre sus miembros. Brasil mantiene un enorme volumen comercial con China y uno considerablemente menor con Rusia. India compra petróleo ruso, pero tiene sus propios intereses y, al mismo tiempo, desarrolla sus relaciones con Estados Unidos. Los BRICS siguen ampliándose, pero sus miembros no siempre comparten la misma visión sobre el papel y los objetivos del grupo.
Para Brasil, los BRICS son ante todo un instrumento para aumentar su propio peso internacional y promover la reforma del sistema financiero mundial, y no una alianza antioccidental. Para Rusia, el grupo ha adquirido además importancia como mecanismo para desarrollar relaciones económicas al margen de las restricciones derivadas de las sanciones occidentales. Estos intereses se cruzan, pero no coinciden por completo.
Por ello, las relaciones ruso-brasileñas pueden definirse hoy como una asociación llena de posibilidades, muchas de las cuales todavía existen principalmente sobre el papel. Rusia dispone de fertilizantes, recursos energéticos y tecnologías nucleares y espaciales; Brasil cuenta con un enorme mercado, una potente agricultura, una industria desarrollada y la posición de principal economía de América Latina. Pero la siguiente etapa requerirá algo más que declaraciones en el marco de los BRICS: serán necesarios mecanismos de pago, logística, inversiones y empresas conjuntas.
Será precisamente en estos ámbitos donde se decidirá si la cercanía política entre Rusia y Brasil se convierte en una verdadera asociación económica o si ambos países seguirán siendo socios cercanos en los foros internacionales cuyo comercio bilateral continúa concentrándose principalmente en petróleo, fertilizantes, café y carne.