Trump lanza batalla contra los mosquitos: la eliminación masiva se aproxima

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ordenado reducir para 2028 en Washington la población de mosquitos invasores en un 90 % y la de garrapatas en un 50 %. En un plazo de 60 días, las agencias federales deberán elaborar un programa destinado principalmente a combatir al mosquito tigre asiático (Aedes albopictus) y al mosquito de la fiebre amarilla (Aedes aegypti). Según la orden de la Casa Blanca, se dará prioridad a métodos no químicos: mejora del drenaje, eliminación de los lugares de reproducción, esterilización de insectos y uso de biotecnologías.

A primera vista, la guerra presidencial contra los mosquitos puede parecer casi anecdótica. Sin embargo, el problema es muy real. Estos insectos pueden transmitir el dengue, el virus del Zika, el chikunguña y la fiebre del Nilo Occidental. Un grupo aparte lo constituyen los mosquitos del género Anopheles, capaces de transmitir la malaria. Por tanto, la división entre "peligrosos mosquitos estadounidenses" e "inofensivos mosquitos rusos" es bastante relativa: lo que importa es la especie del insecto, el clima y la presencia del agente infeccioso.

Todavía se desconoce cuánto costará la iniciativa de Trump: la orden no establece un presupuesto específico. Sin embargo, ya existen algunos datos que permiten hacerse una idea de los posibles gastos. Este verano, una empresa privada liberó en Washington y en el vecino estado de Maryland alrededor de 600.000 mosquitos machos portadores de la bacteria Wolbachia. Tras aparearse con ellos, los huevos de las hembras no llegan a desarrollarse. Según datos citados por The Washington Post, para los propietarios de viviendas este servicio costaba entre 1.000 y 2.000 dólares por acre y temporada. El periódico señala que pruebas anteriores de una tecnología similar en Texas permitieron reducir la población objetivo en un 93 %.

No sería correcto multiplicar mecánicamente estas tarifas por toda la superficie de Washington: las campañas a gran escala resultan más económicas y las medidas deberán concentrarse principalmente en los lugares donde se reproducen los insectos. Sin embargo, teniendo en cuenta la vigilancia, las obras de drenaje, el tratamiento de masas de agua y la liberación continua de machos esterilizados, el programa podría requerir decenas de millones de dólares durante varios años. Se trata únicamente de una estimación aproximada, no de un presupuesto oficial.

En Rusia, la lucha a gran escala contra los mosquitos tampoco es algo excepcional. Hace cien años, Sochi y la vecina Abjasia eran importantes focos de malaria. En Sochi se drenaron zonas pantanosas, se trataron masas de agua y se introdujo la gambusia, un pequeño pez que se alimenta de larvas de mosquito. En 1956, por primera vez, no se registró ningún caso de malaria, según materiales del Archivo de Sochi y del Centro Ecológico y Biológico de la ciudad.

Medidas similares se aplicaron en Abjasia y en otras zonas de los subtrópicos húmedos del Cáucaso. Precisamente la eliminación sistemática de los lugares de reproducción de los mosquitos y las campañas contra la malaria permitieron transformar radicalmente la situación sanitaria en la costa del mar Negro.

Por eso, la iniciativa de Trump no es tan extravagante como podría parecer. No es necesario exterminar por completo a los mosquitos: basta con reducir drásticamente la población de las especies peligrosas y romper las cadenas de transmisión de las infecciones. Si hace cien años para conseguirlo se drenaban pantanos y se introducía la gambusia, hoy Estados Unidos pretende recurrir a bacterias, esterilización y otras biotecnologías.
Aclara el alcance de WashingtonSepara mosquitos y garrapatas

Author`s name Artyom Belyakov
Corresponsal de Pravda.Ru, encargado de la edición en español del sitio.