Durante mucho tiempo, la comunidad científica debatió si la Luna había tenido un verdadero núcleo generador de campo magnético -un mecanismo de dinamo- o si la magnetización de algunas rocas se debía a impactos de asteroides. El estudio de la región de Dewar prácticamente resuelve esta cuestión: la anomalía se encuentra lejos de las zonas de impacto de grandes meteoritos capaces de generar perturbaciones magnéticas temporales. La extensión de la anomalía y la profundidad de las rocas indican una exposición prolongada a una fuente de energía estable procedente del interior del satélite.
Esto significa que el pequeño núcleo lunar estuvo activo en el pasado, aunque los científicos todavía tienen que determinar cómo un objeto de dimensiones relativamente reducidas pudo generar un campo magnético tan intenso.
El descubrimiento no solo tiene importancia para la física teórica. En la superficie situada sobre esta anomalía se observa un "remolino lunar", un patrón claro visible sobre el suelo. Los científicos creen que los restos del antiguo magnetismo todavía desvían las partículas del viento solar, impidiendo en parte que alteren y oscurezcan el polvo lunar.
La geofísica Anna Mittelholz señala que estas zonas de protección natural podrían convertirse en lugares prioritarios para el aterrizaje de futuras expediciones. Las líneas del campo magnético, aunque debilitadas con el paso del tiempo, crean refugios locales donde el nivel de radiación puede ser menor que en otras zonas de la superficie lunar.