El polo norte de Marte alberga depósitos de hielo hídrico que alcanzan espesores de hasta 1.5 kilómetros, los cuales quedan expuestos cuando la capa estacional de dióxido de carbono sólido se sublima al finalizar el verano. La composición de estas capas funciona como un registro del clima histórico del planeta, pero el análisis de su pureza ha sido objeto de revisión reciente.
Un equipo de investigadores liderado por Pari Mohana, de la Universidad de Edimburgo, y Aditya Khullar, de la Universidad de Washington, analizó los datos espectrales del hielo marciano. Los resultados, publicados en la revista npj Space Exploration, indican que el hielo es significativamente más puro de lo que sugerían los modelos previos.
Mientras que las estimaciones anteriores predecían concentraciones de polvo de hasta el 25%, el nuevo enfoque matemático revela que el contenido de impurezas oscila entre el 0.02% y el 2.2%. En el cráter Queen, por ejemplo, la concentración de polvo se había estimado anteriormente en un 22%, mientras que el nuevo modelo sitúa esta cifra por debajo del 1%. Incluso en las capas superiores, las más expuestas, la concentración de impurezas no supera el 0.4%.
La discrepancia no reside en los datos recolectados por los instrumentos orbitales, sino en los algoritmos utilizados para interpretar el brillo de la superficie. El brillo depende del tamaño de los granos de hielo, el tamaño de las partículas de polvo y el grado de compactación de las capas. Los investigadores determinaron que las partículas de polvo diminutas, de aproximadamente 1.6 micrómetros de diámetro, afectan la reflexión de la luz con mucha más intensidad que las partículas grandes. Por lo tanto, se requiere una cantidad mucho menor de polvo para producir el brillo observado por los sensores.
Este ajuste en la composición del hielo modifica la comprensión de tres procesos clave: