Los resultados del estudio internacional PISA 2025, coordinado por la OCDE, revelan que el sistema educativo de Portugal ha regresado a los niveles de desempeño registrados en 2006. La evaluación, que analizó a casi 7,000 estudiantes de 225 escuelas, indica que los avances logrados en matemáticas, lectura y ciencias naturales durante las últimas dos décadas han sido anulados.
Este retroceso estadístico coincide con cambios en la estructura social y los hábitos domésticos. La disminución en la comprensión y el rendimiento escolar refleja una transformación en las dinámicas familiares, donde las prácticas de lectura y la cultura de comunicación han variado drásticamente respecto a hace veinte años.
La situación se ve agravada por una "trampa de pobreza" estructural: el bajo nivel educativo limita el acceso a servicios de salud de calidad y reduce el capital humano, lo que deriva en una menor productividad laboral y salarios bajos. Este ciclo se reproduce generacionalmente, consolidando la desigualdad social en el país.
El problema no reside únicamente en la cantidad de títulos académicos emitidos, ya que la certificación formal no garantiza la salida de la pobreza estructural si no existe una cultura de aprendizaje continuo integrada en el entorno familiar y laboral.
Ante este escenario, han surgido alternativas de formación abierta. Un ejemplo es la plataforma Santander Open Academy, que ofrece más de mil cursos gratuitos y ya cuenta con cerca de medio millón de usuarios registrados, evidenciando una demanda de conocimiento fuera de las instituciones tradicionales.
La superación de esta brecha requiere un enfoque a largo plazo que vincule a escuelas, familias y empresas, con el objetivo de que la educación funcione como un motor de movilidad social real y no como un trámite formal.