El despertar prematuro en la edad avanzada suele atribuirse a la personalidad, pero responde a cambios fisiológicos en los ciclos de sueño y vigilia, impulsados por la transformación del sistema nervioso y el equilibrio hormonal.
Según la neuróloga Julia Prokofieva, entre las 4 y las 5 de la mañana aumenta naturalmente el nivel de cortisol, hormona que predispone al cuerpo a la actividad. En personas jóvenes, este proceso se compensa con el melatonina (la hormona del sueño), que mantiene el estado de reposo. Sin embargo, con la edad, la producción de melatonina disminuye mientras que la sensibilidad a los niveles de cortisol persiste, lo que provoca que el sistema nervioso active el despertar antes de lo previsto.
A este factor se suma una alteración en la arquitectura del descanso: las fases de sueño profundo se acortan y el sueño se vuelve más fragmentado. Esto hace que el organismo sea más sensible a estímulos externos o molestias físicas, como dolores articulares o edemas, que interrumpen el descanso con facilidad.
La terapeuta Anna Kuznetsova señala que los cambios en el régimen de sueño pueden enmascarar patologías somáticas, como la hipertensión o trastornos hormonales. Es fundamental descartar deficiencias que afecten al sistema cardiovascular, ya que la presión arterial y el estado del soporte muscular influyen directamente en la recuperación nocturna.
Por su parte, el neurólogo Artem Sinitsyn advierte que los despertares nocturnos constantes no deben normalizarse únicamente por la edad. Si el paciente presenta somnolencia diurna o deterioro cognitivo, es necesario realizar un examen médico completo, ya que los problemas de higiene del sueño son solo una parte del problema.
Importante: Este artículo tiene fines exclusivamente informativos y no sustituye el asesoramiento médico. No inicie, suspenda ni modifique un tratamiento sin consultar a un profesional sanitario cualificado.
Fuente: Este artículo se elaboró a partir de una publicación original en ruso de Pravda.Ru.