En algunas conversaciones sobre salud surge una idea inquietante: la posibilidad de que el cáncer sea una enfermedad contagiosa. Sin embargo, es fundamental precisar que el cáncer, como proceso de crecimiento celular descontrolado, no se transmite de una persona a otra. Lo que sí ocurre es que ciertos agentes infecciosos pueden actuar como detonantes.
La doctora Marina Sekacheva, profesora y directora del Instituto de Oncología Personalizada de la Universidad Sechenov, explica que cuando se habla de "contagio" en el contexto oncológico, no se refiere a la transferencia de células malignas, sino a la capacidad de algunos virus para alterar la estructura celular y provocar transformaciones patológicas que derivan en tumores.
Uno de los vínculos más claros y documentados entre una infección y el cáncer es el del Virus del Papiloma Humano (VPH). Según la experta, este virus es el principal catalizador del cáncer de cuello uterino.
La evidencia es tan contundente que la ausencia del virus reduce drásticamente la probabilidad de desarrollar esta patología. De hecho, Sekacheva señala que si no existe la infección por VPH, la probabilidad de desarrollar cáncer de cuello uterino disminuye en un 90%.
Para mitigar este riesgo, la herramienta más efectiva es la vacunación preventiva, que permite al organismo generar inmunidad antes de la exposición al virus.
Otro ejemplo crítico es el virus de la hepatitis B. En este caso, el mecanismo no es una mutación inmediata, sino un proceso prolongado: la presencia crónica del virus en el organismo provoca una inflamación persistente en los tejidos del hígado.
Esta inflamación crónica puede, con el tiempo, derivar en la formación de tumores malignos. La Dra. Sekacheva destaca que existe una correlación directa entre la reducción de la prevalencia de la hepatitis B y la disminución de los casos de cáncer de hígado, subrayando la importancia de las vacunas incluidas en los calendarios de salud pública para prevenir este escenario.
El concepto de "cáncer contagioso" es, en realidad, una simplificación imprecisa. Lo que es transmisible es el virus que crea el entorno favorable para que el proceso oncológico se inicie, pero nunca la neoplasia en sí misma.
Entender esta distinción desplaza el foco del miedo al contagio hacia la prevención activa: la vacunación oportuna y el control de las cargas virales se convierten así en pilares fundamentales de la profilaxis oncológica moderna.