Desplazarse entre el aeropuerto de Newark (EWR) y el aeropuerto John F. Kennedy (JFK) suele ser una pesadilla logística. La mayoría de los viajeros se ven obligados a elegir entre taxis excesivamente caros o una red de transbordos agotadora. Sin embargo, para quienes disponen de una ventana de tiempo de entre 5 y 6 horas, es posible transformar este trayecto en una incursión rápida por el corazón de Nueva York.
Para evitar el gasto desorbitado de un Uber, existe una alternativa viable, aunque físicamente demandante, que atraviesa Manhattan.
El trayecto comienza en el aeropuerto de Newark, donde es necesario tomar el AirTrain hasta la estación ferroviaria. Allí, el siguiente paso es el tren de NJ Transit con destino final en NY Penn Station. Esta opción es más económica y rápida que el taxi, además de ofrecer a quienes viajan con niños una primera toma de contacto real con el sistema ferroviario estadounidense.
Al salir de Penn Station, el viajero se encuentra en el centro neurálgico de la ciudad. Desde este punto, es posible caminar hacia el edificio Empire State y avanzar hasta la intersección de la calle 42, Broadway y la Séptima Avenida: Times Square. Es la parada obligatoria para quienes buscan capturar la esencia de los neones neoyorquinos sin dedicar días enteros a un itinerario turístico.
El retorno comienza nuevamente en Penn Station. Para llegar al aeropuerto Kennedy, se debe tomar el tren de Long Island Railroad (LIRR) hasta la estación de Jamaica. Una vez allí, el transbordo final se realiza a través del AirTrain, que conduce directamente a las terminales del JFK.
Este esquema de traslado convierte una espera tediosa en una experiencia activa. Para quienes viajan con niños, el ruido y el caminar por la gran ciudad suelen resultar agotadores, lo que garantiza un descanso profundo durante el vuelo posterior, mientras que el presupuesto familiar se mantiene intacto.